lunes, 10 de junio de 2013
"Siempre es demasiado tarde o demasiado temprano para lo que uno quiere hacer."
O siempre recurres a esta excusa como justificación, todo puede ser.
Es una excusa completa, sirve para paliar el miedo, para sosegar el orgullo, para no tener que decidir y cargarte la responsabilidad sobre los hombros.
Decides, pero envuelto en esta excusa maravillosa, la decisión no se siente como tuya.
No decides no hacer algo, sino que todavía no es el momento para arriesgarte y hacerlo, o el momento ya ha pasado y ahora resultaría fuera de lugar.
Qué excusa tan maravillosa, nada depende de ti.
Y así, puedes seguir sin hacer lo que tienes que hacer, o ya puestos, sin tener que decidir, y que no sea para nada responsabilidad tuya, sino del universo, que total, para que existe el universo sino es para que le culpemos de todos nuestros errores, de los miedos que no nos atrevemos a cometer, y de las acciones que cometimos por miedo.
(Pero eso no pasará esta vez, porque aún es demasiado pronto, o ya es demasiado tarde.)
sábado, 20 de abril de 2013
Tú y tus libros, tus seis o siete álter egos, tus ensoñaciones, los miedos que dices que te despiertan en mitad de la madrugada.
Tú y tus mentiras, tú y tus cuentos para no dormirte.
Tus ansias de ser más de lo que eres, porque para ti no eres suficiente.
Ese es el problema, que para ti nada es suficiente, te lo resumo así: sin letras de canciones, sin párrafos subrayados, sin poner tus miedos en personajes inventados.
Sí, tienes un problema. Pero ¿Qué estás haciendo? Eso ya lo sabes. Y es igual de inútil ignorarlo y fingir que no existe como lo que tú haces: analizarlo, sacarlo de paseo por el silencio, ponerle mil nombres.
Es muy cómodo quedarse entre las sábanas, encerrarse en uno mismo, imaginar que alguien vendrá a salvarte de ti mismo, porque al fin y al cabo eso es lo que les sucede siempre a todos tus álter ego, tan distintos, tan iguales a ti.
Pero no son reales.
Tú sí, ese es el gran drama. “No estoy hecho para el mundo real” en eso si que no mientes… Que es cierto que no a todo el mundo le duele la realidad igual, pero todo el mundo consigue sobrevivir a su monotonía. Porque es muy fácil verse desde fuera, acariciarse a uno mismo y anclar en acordes los defectos.
Y todo el día andas con él ¿Pero qué voy a hacer? ¿Qué puedo hacer? Sería tan sencillo como dejar tanto egocentrismo a un lado, dejar también las malditas palabras a un lado y respirar un poco. Dejar que la gente choque contra ti y que sean ellos quienes te juzguen.
Subir a la montaña rusa y dejar que te encuentre el miedo, que sin miedo no se puede vivir, tú mismo me lo dijiste.
Tú y tus mentiras, tú y tus cuentos para no dormirte.
Tus ansias de ser más de lo que eres, porque para ti no eres suficiente.
Ese es el problema, que para ti nada es suficiente, te lo resumo así: sin letras de canciones, sin párrafos subrayados, sin poner tus miedos en personajes inventados.
Sí, tienes un problema. Pero ¿Qué estás haciendo? Eso ya lo sabes. Y es igual de inútil ignorarlo y fingir que no existe como lo que tú haces: analizarlo, sacarlo de paseo por el silencio, ponerle mil nombres.
Es muy cómodo quedarse entre las sábanas, encerrarse en uno mismo, imaginar que alguien vendrá a salvarte de ti mismo, porque al fin y al cabo eso es lo que les sucede siempre a todos tus álter ego, tan distintos, tan iguales a ti.
Pero no son reales.
Tú sí, ese es el gran drama. “No estoy hecho para el mundo real” en eso si que no mientes… Que es cierto que no a todo el mundo le duele la realidad igual, pero todo el mundo consigue sobrevivir a su monotonía. Porque es muy fácil verse desde fuera, acariciarse a uno mismo y anclar en acordes los defectos.
Y todo el día andas con él ¿Pero qué voy a hacer? ¿Qué puedo hacer? Sería tan sencillo como dejar tanto egocentrismo a un lado, dejar también las malditas palabras a un lado y respirar un poco. Dejar que la gente choque contra ti y que sean ellos quienes te juzguen.
Subir a la montaña rusa y dejar que te encuentre el miedo, que sin miedo no se puede vivir, tú mismo me lo dijiste.
jueves, 18 de abril de 2013
No sé cual es la palabra dramática que estoy buscando en mis profundidades.
Puede que sea desolada, devastada, destrozada. Vacía, simple y llanamente.
En frases dramáticas podríamos concluir con “huía de los espejos”, “sus complejos le vencieron la batalla”, o la más acertada, aquella de “el mundo se había desplomado sobre sus hombros”.
Pero no es nada, no es nada.
Es sólo que perder la fe es una historia muy triste. Te roba todo el aire de los pulmones y no deja que levantes la cabeza de la almohada.
El desencanto es una historia muy triste, más que nada por lo irreversible que lo vuelve todo.
¿De qué hablas? Sólo digo que las personas serán felices siendo indiferentes, pero si no creo en las personas, difícilmente puedo creer en mi misma.
Será que sólo soy gente.
Y que no os esforzáis en escudriñarme, ni yo me esfuerzo en dejar de pestañear y que veáis un poco más de lo que hay tras la cortina insalvable que he construido a base de desilusiones, de las que vosotros, humanos ególatras, sois siempre los causantes. A veces por mis miedos, a veces por vuestros despistes.
Que la justicia es algo tremendamente injusto es una lección que se aprende muy al principio, y no es, a estas alturas, motivo de perder la fe.
¿Qué estás diciendo? Sólo digo que creer en las personas a ciegas, es lo que me hace existir. Es todo lo que siempre he sido y es todo lo que creí que sería, con sus rasguños y sus heridas. En su día me resigné a ser esto, porque valía la pena.
Pero estamos todos tan centrados en hablar de nosotros mismos, que no hacemos más que oír, y lo que yo hago es mudo, hay que ganárselo, y si lo que más os interesa son vuestras historias, y gritarlas hasta atosigar ¿Cómo vais a escuchar lo que no estoy diciendo?
(Porque no puedo creer que penséis que sólo soy esto.)
Puede que sea desolada, devastada, destrozada. Vacía, simple y llanamente.
En frases dramáticas podríamos concluir con “huía de los espejos”, “sus complejos le vencieron la batalla”, o la más acertada, aquella de “el mundo se había desplomado sobre sus hombros”.
Pero no es nada, no es nada.
Es sólo que perder la fe es una historia muy triste. Te roba todo el aire de los pulmones y no deja que levantes la cabeza de la almohada.
El desencanto es una historia muy triste, más que nada por lo irreversible que lo vuelve todo.
¿De qué hablas? Sólo digo que las personas serán felices siendo indiferentes, pero si no creo en las personas, difícilmente puedo creer en mi misma.
Será que sólo soy gente.
Y que no os esforzáis en escudriñarme, ni yo me esfuerzo en dejar de pestañear y que veáis un poco más de lo que hay tras la cortina insalvable que he construido a base de desilusiones, de las que vosotros, humanos ególatras, sois siempre los causantes. A veces por mis miedos, a veces por vuestros despistes.
Que la justicia es algo tremendamente injusto es una lección que se aprende muy al principio, y no es, a estas alturas, motivo de perder la fe.
¿Qué estás diciendo? Sólo digo que creer en las personas a ciegas, es lo que me hace existir. Es todo lo que siempre he sido y es todo lo que creí que sería, con sus rasguños y sus heridas. En su día me resigné a ser esto, porque valía la pena.
Pero estamos todos tan centrados en hablar de nosotros mismos, que no hacemos más que oír, y lo que yo hago es mudo, hay que ganárselo, y si lo que más os interesa son vuestras historias, y gritarlas hasta atosigar ¿Cómo vais a escuchar lo que no estoy diciendo?
(Porque no puedo creer que penséis que sólo soy esto.)
martes, 2 de abril de 2013
A veces pasa que hace más frío de la cuenta y quieres que alguien haga que se te rompan las costillas de abrazarte y fundirse en tu pelo.
A veces sucede que hace sol aliñado con un poco de alegría y quieres que alguien te saque de paseo de la mano por la primavera que va naciendo, y te sonría y haya más luz en sus ojos que en este cielo azul que parece que promete sueños, aunque sólo promete el cambio de estación.
No love, no glory, no hero in her sky.
A veces pasa, que hace tanto que no te llevan de la mano que quieres que te roben el corazón. Y todos tenemos derecho a noches a oscuras, pero no siempre se terminan por iluminar con certezas. Eso es lo malo de estar enamorado, eso es lo que más se echa en falta: La certeza. Decir: Me la juego por ti. Y no lo dudo ni un sólo segundo.
A veces quieres que te quieran, pero sólo dejas que te abracen, como ha sido siempre, como será siempre.
Que sí, que sería muy fácil dejarse llevar un poco y fingir que eres de cualquiera, porque al final, de esta manera, siempre acabas siendo de alguien. Porque a veces quiero ser tuya. Seas quien seas.
Porque qué bonito es ser de alguien.
No por ser suya, porque las personas no se pertenecen. Por ti mismo. Por decir: Salto al vacío. No creo en nada, pero en ti…en ti es imposible no creer. Creo en ti como ni si quiera creo en mi misma.
Pero tú no eres de nadie. And life goes easy on me, most of the time.
A veces sucede que hace sol aliñado con un poco de alegría y quieres que alguien te saque de paseo de la mano por la primavera que va naciendo, y te sonría y haya más luz en sus ojos que en este cielo azul que parece que promete sueños, aunque sólo promete el cambio de estación.
No love, no glory, no hero in her sky.
A veces pasa, que hace tanto que no te llevan de la mano que quieres que te roben el corazón. Y todos tenemos derecho a noches a oscuras, pero no siempre se terminan por iluminar con certezas. Eso es lo malo de estar enamorado, eso es lo que más se echa en falta: La certeza. Decir: Me la juego por ti. Y no lo dudo ni un sólo segundo.
A veces quieres que te quieran, pero sólo dejas que te abracen, como ha sido siempre, como será siempre.
Que sí, que sería muy fácil dejarse llevar un poco y fingir que eres de cualquiera, porque al final, de esta manera, siempre acabas siendo de alguien. Porque a veces quiero ser tuya. Seas quien seas.
Porque qué bonito es ser de alguien.
No por ser suya, porque las personas no se pertenecen. Por ti mismo. Por decir: Salto al vacío. No creo en nada, pero en ti…en ti es imposible no creer. Creo en ti como ni si quiera creo en mi misma.
Pero tú no eres de nadie. And life goes easy on me, most of the time.
martes, 19 de marzo de 2013
Siempre te recuerdo con aquella cara triste.
Cómo venden las canciones tristes.
Y me van a contradecir y a corregir diciendo: pues las alegres, las alegres si que venden, mira las listas de éxitos. Pero no. Una canción realmente alegre, con sus baterías y sus melodías eufóricas no tiene porque gustarle a todo el mundo.
Pero una canción hecha con cuidado para desgarrarte el alma, de la que te deja con el pecho encogido y medio temblando…Esas las ama cualquiera.
Es como con las personas.
Las sonrisas venden, se contagian y siempre quieres rodearte de quien desprenda optimismo.
Pero cuando alguien tiene los ojos más tristes de este mundo, cuando sonríe y se le nubla algo en la mirada, y cuando se ríe de verdad y te das cuenta de que no lo hace a menudo… Eso es magnetismo.
Y una sonrisa puede quemar y grabarse en tu mente antes de dormir. Pero más atesoras una sonrisa de alguien que se esfuerza por enmascarar una sombra.
Cuando habla de ella y sabes que se está deshaciendo de pedazos de su mundo y que tienes suerte de que sea contigo.
Las miradas de vulnerabilidad cuando ha confesado demasiado de sí misma. Esas miradas pueden provocar pequeños desmayos cuando las recuerdas antes de dormir.
Y todo tiene más valor y más fuerza si se es optimista desde el suelo. Porque desde la felicidad es fácil verlo todo de colores, pero más valiente es el que está sin poder levantarse del suelo, pero sabe que algún día podrá.
Cuando habla de tristezas y aún así embelesa, y quieres que te cuente todo, y a la vez que se volviese muda antes que seguir contándote cosas que le hacen sufrir.
Es el egoísmo que nos caracteriza: Vivir queriendo salvar a alguien para así poder salvarnos nosotros, por fin.
Y me van a contradecir y a corregir diciendo: pues las alegres, las alegres si que venden, mira las listas de éxitos. Pero no. Una canción realmente alegre, con sus baterías y sus melodías eufóricas no tiene porque gustarle a todo el mundo.
Pero una canción hecha con cuidado para desgarrarte el alma, de la que te deja con el pecho encogido y medio temblando…Esas las ama cualquiera.
Es como con las personas.
Las sonrisas venden, se contagian y siempre quieres rodearte de quien desprenda optimismo.
Pero cuando alguien tiene los ojos más tristes de este mundo, cuando sonríe y se le nubla algo en la mirada, y cuando se ríe de verdad y te das cuenta de que no lo hace a menudo… Eso es magnetismo.
Y una sonrisa puede quemar y grabarse en tu mente antes de dormir. Pero más atesoras una sonrisa de alguien que se esfuerza por enmascarar una sombra.
Cuando habla de ella y sabes que se está deshaciendo de pedazos de su mundo y que tienes suerte de que sea contigo.
Las miradas de vulnerabilidad cuando ha confesado demasiado de sí misma. Esas miradas pueden provocar pequeños desmayos cuando las recuerdas antes de dormir.
Y todo tiene más valor y más fuerza si se es optimista desde el suelo. Porque desde la felicidad es fácil verlo todo de colores, pero más valiente es el que está sin poder levantarse del suelo, pero sabe que algún día podrá.
Cuando habla de tristezas y aún así embelesa, y quieres que te cuente todo, y a la vez que se volviese muda antes que seguir contándote cosas que le hacen sufrir.
Es el egoísmo que nos caracteriza: Vivir queriendo salvar a alguien para así poder salvarnos nosotros, por fin.
jueves, 14 de marzo de 2013
Por un lado, tenemos a la mayoría de las personas: A quien no sólo no le importas lo suficiente como para intentar hacerte feliz, sino que buscará siempre su propio beneficio en cualquier situación, por trivial que sea.
Estas personas siempre tendrán la razón en cualquier lugar, momento, tiempo, universo, mientras que tú lo harás siempre todo al revés y te merecerás todas las cosas malas que te pasen, y siempre, siempre, SIEMPRE serás tú quien se lo ha buscado con sus actos.
Estas personas nunca se pararán un momento a pensar que pueden estar haciéndote daño, que hay una diminuta posibilidad de que su opinión no sea una certeza absoluta.
Vivirán mirando siempre por su propio bien, porque así ha evolucionado el ser humano a lo largo de siglos de crueldad.
Y estas personas duelen. Y a veces -en los días rojos- te hacen llorar. Te roban un poco la fe y te hacen replantearte si existe la bondad. Son terribles, no hay duda. Pero lo que realmente se te astilla en el corazón son el otro tipo de individuos que pueblan la tierra. Esos sí que duelen.
Son aquellos que no tienen nada y sin embargo, te regalan esa nada. Y es su generosidad lo que duele hasta hacerte llorar.
Son los que tienen sólo una moneda, un amigo, una sonrisa, pero te lo dan no “sin pensárselo”, no “sin dudar”. Te lo dan sin más, sin planteárselo si quiera, porque para ellos es lo natural hacerlo.
No existe en sus mentes otra posibilidad que el darte todo lo que tienen y sufrir porque quieren darte más, incluso cuando tú, por una vez en la extraña trayectoria de tu vida, estás saciado con lo que te ofrecen…
Lloran por tus fracasos incluso cuando tú no sientes la caída tan dura. Lloran con tus alegrías aún cuando tú no eres consciente de que eres tan feliz. Tiemblan porque te apoyan en cualquier cosa que hagas, con cada diminuta parte de lo que son. Leen tus pensamientos y no te sientes vulnerable, sino en paz.
Y son estas personas por las que vivo y muero.
Estas personas siempre tendrán la razón en cualquier lugar, momento, tiempo, universo, mientras que tú lo harás siempre todo al revés y te merecerás todas las cosas malas que te pasen, y siempre, siempre, SIEMPRE serás tú quien se lo ha buscado con sus actos.
Estas personas nunca se pararán un momento a pensar que pueden estar haciéndote daño, que hay una diminuta posibilidad de que su opinión no sea una certeza absoluta.
Vivirán mirando siempre por su propio bien, porque así ha evolucionado el ser humano a lo largo de siglos de crueldad.
Y estas personas duelen. Y a veces -en los días rojos- te hacen llorar. Te roban un poco la fe y te hacen replantearte si existe la bondad. Son terribles, no hay duda. Pero lo que realmente se te astilla en el corazón son el otro tipo de individuos que pueblan la tierra. Esos sí que duelen.
Son aquellos que no tienen nada y sin embargo, te regalan esa nada. Y es su generosidad lo que duele hasta hacerte llorar.
Son los que tienen sólo una moneda, un amigo, una sonrisa, pero te lo dan no “sin pensárselo”, no “sin dudar”. Te lo dan sin más, sin planteárselo si quiera, porque para ellos es lo natural hacerlo.
No existe en sus mentes otra posibilidad que el darte todo lo que tienen y sufrir porque quieren darte más, incluso cuando tú, por una vez en la extraña trayectoria de tu vida, estás saciado con lo que te ofrecen…
Lloran por tus fracasos incluso cuando tú no sientes la caída tan dura. Lloran con tus alegrías aún cuando tú no eres consciente de que eres tan feliz. Tiemblan porque te apoyan en cualquier cosa que hagas, con cada diminuta parte de lo que son. Leen tus pensamientos y no te sientes vulnerable, sino en paz.
Y son estas personas por las que vivo y muero.
viernes, 22 de febrero de 2013
Se llama inconformismo y se apellida ser humano.
Llora porque necesita dejar de quererle. Necesita poder respirar con toda la capacidad que le permitan sus pulmones. Tiene que dejar de pensar en él a cada segundo del día y morir un poquito con cada canción de amor rídicula que no está hablando de ellos. Que vivir para alguien es de cobardes, porque la vida es maravillosa cuando puedes vivir por y para ti, y olvidarte de depender de una persona y de la eterna agonía de que influyan en tu vida con esa facilidad cruel.
Y a sólo un techo de distancia otra persona llora porque no es capaz de amar. Y ni siquiera hablo de amor, no de algo tan común como llorar por no estar enamorado. No es capaz de amar a ningún ser humano.Y es un vacío tal. No confiar a ciegas en nadie. No arriesgarse y quedarse a vivir en el gris, sabiendo que existe un universo technicolor a un solo sentimiento de distancia.
Amor, ni contigo ni sin ti.
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