La risa de la torpeza cuando a uno de los dos se le declara la guerra un botón rebelde, una cremallera poco dispuesta a la cooperación, unos pantalones super-skinny que te van como una segunda piel y son igual de difíciles de quitar.
La risa cuando te besa tan bien, pero tanto, tanto, que tropiezas con tus propios pies.
La risa cuando estáis rodando uno sobre el otro, conquistando cada centímetro de sábanas, envueltos en piernas y suspiros y enredados entre nudos de sirena y manos y piel, y perdéis de tal forma la perspectiva que casi caéis al suelo desde la cama (a veces sin el "casi" y entonces reís más fuerte).
La risa cuando gime muy fuerte en tu oído, y te gusta tanto que tienes que recordarle que tienes vecinos, gatos, compañeros de piso, familia...
La risa cuando te muerde un poco demasiado fuerte.
La risa incontenible y avergonzada cuando te acaricia y llega a un rincón inesperado que te hace cosquillas.
La risa cuando te acaricia y lo hace tan bien que tiemblas de timidez, aunque sea la vez número un millón que rodea con las yemas de los dedos tu lunar secreto.
Y en doscientas situaciones más, en que la risa arde salada entre los labios, a medio camino entre el deseo (básico, instintivo, sencillo) y el amor (universal, único, complicado) y que por tanto no se puede describir con palabras.
lunes, 11 de agosto de 2014
jueves, 29 de mayo de 2014
ingenuidad y otros demonios.
El amor no va de envejecer juntos.
Tampoco va de enamorarse a primera vista o a segunda conversación.
No va de que te haga reír.
Si no tiene nada que ver contigo todavía podéis ser la pareja ideal, pero no trata sobre ser polos opuestos y tampoco almas gemelas.
Que el amor no es tan sencillo debería saberlo a estas alturas cualquiera, y desde luego aún cuesta más entender que amar de la forma en la que necesitan que les ames sólo es cuestión de suerte, y que por más que lo intentes a veces simplemente no amas de la manera correcta.
Puede que el amor vaya de conoceros, detestaros, y aún así quedarte a su lado.
No por miedo a no encontrar a nadie mejor, no por miedo a cambiar tu rutina.
Quedarte porque te hace feliz y porque merece la pena.
El amor lo hacen las peleas y las decepciones.
La confianza tan ciega que roza lo estúpido.
El sacrificio mutuo, que por ella seas capaz de cambiar de opinión aún cuando tú siempre fuiste el rey de los testarudos.
El amor está hecho de gritos y de paciencia. De comprender como funciona el mundo y de reconocer que la vida no es siempre como la soñaste.
De fracasar juntos pero esperar triunfar pasado mañana.
Al menos eso es lo que aprendí de mis padres.
Así que quizás sí, quizás el amor va de envejecer juntos.
De suspirar por lo mismo teniendo enfoques contrarios para la misma idea.
De aunar fuerzas cuando ninguno puede levantarse.
Quizás el amor vaya de ser un equipo, de cooperación, de valorar al otro, de limar egos y asperezas, de sencillez y comodidad, de desayunos y de pereza de domingo.
De abrazarse en el sofá 30 años después mientras reís.
Tampoco va de enamorarse a primera vista o a segunda conversación.
No va de que te haga reír.
Si no tiene nada que ver contigo todavía podéis ser la pareja ideal, pero no trata sobre ser polos opuestos y tampoco almas gemelas.
Que el amor no es tan sencillo debería saberlo a estas alturas cualquiera, y desde luego aún cuesta más entender que amar de la forma en la que necesitan que les ames sólo es cuestión de suerte, y que por más que lo intentes a veces simplemente no amas de la manera correcta.
Puede que el amor vaya de conoceros, detestaros, y aún así quedarte a su lado.
No por miedo a no encontrar a nadie mejor, no por miedo a cambiar tu rutina.
Quedarte porque te hace feliz y porque merece la pena.
El amor lo hacen las peleas y las decepciones.
La confianza tan ciega que roza lo estúpido.
El sacrificio mutuo, que por ella seas capaz de cambiar de opinión aún cuando tú siempre fuiste el rey de los testarudos.
El amor está hecho de gritos y de paciencia. De comprender como funciona el mundo y de reconocer que la vida no es siempre como la soñaste.
De fracasar juntos pero esperar triunfar pasado mañana.
Al menos eso es lo que aprendí de mis padres.
Así que quizás sí, quizás el amor va de envejecer juntos.
De suspirar por lo mismo teniendo enfoques contrarios para la misma idea.
De aunar fuerzas cuando ninguno puede levantarse.
Quizás el amor vaya de ser un equipo, de cooperación, de valorar al otro, de limar egos y asperezas, de sencillez y comodidad, de desayunos y de pereza de domingo.
De abrazarse en el sofá 30 años después mientras reís.
lunes, 14 de abril de 2014
hay que gritar hasta ahogarse, para poder seguir respirando.
La noche y la ciudad.
Las luces de los semáforos y de algunas farolas.
Un semáforo en particular, y también unas baldosas en particular.
Una chica con sandalias, pantalones cortos, camiseta de tirantes.
La lluvia torrencial del verano sobre ella, resbalando por cada mechón de pelo, por el óvalo de su mandíbula, por la curva de sus comisuras, por la línea de sus clavículas.
Limpiando el estrés, la banalidad, la rutina, el dejarse llevar y no romper nunca el molde, no ir a correr de noche, no sentir nada, no gritar cuando lo necesitas, no respirar nunca en mitad del vacío.
La lluvia torrencial y ella, con la mirada perdida, con mi sonrisa de loca preferida.
La adrenalina la rompe de un golpe; se acelera su pulso, se le llenan los pulmones.
Un grito inesperado en mitad de la noche, largo, limpio, alto y atronador.
Mientras, la lluvia sigue besando la tierra.
Después del grito, de nuevo el silencio en mitad de la madrugada mientras ella recobra el aliento.
Y después, su risa: libre y ligera, como la de una niña.
Supongo que alivia sentirse viva.
miércoles, 9 de abril de 2014
bizarro significa valiente.
Me gusta lo mismo que le gusta a otro millón de personas.
La misma canción, la misma película, el mismo amor por el mismo libro, la misma obsesión por aquella ciudad.
No sé nada sobre un montón de cosas importantes, pero quiero saber más, como le sucede a tanta otra gente.
No conozco pintores checoslovacos ni directores de cine ucranianos. Pero me gustan los museos y el arte, como a tantos otros incultos y falsos intelectuales.
No leo a escritores muertos hace 1000 años, pero si 200, de algo servirá.
Soy común. No me gusta nada original; quizás porque en el mundo rápido y de masas en el que vivo, lo original es difícil de encontrar. Quizás el concepto de original ha perdido un poco el sentido.
Quizás eres el que tiene un gusto musical extrañísimo entre tus amigos, pero oh, ese grupo totalmente desconocido en tu país lo conoce en Internet tantísima gente...
Pero no me importa que me guste lo mainstream. No me importan palabras como 'Mainstream'.
Si le gusta a todo el mundo, por algo será.
Y no por tener gustos estrafalarios soy más especial. Puede que lo sea, pero puede que no.
Me han llamado muchas veces rara en mi vida, algunas me lo he tomado como un insulto y otras como un cumplido.
Pero ahora mismo hay tanta gente rara que es difícil sentirse especial.
Quizás es porque no es eso lo que te hace distinto.
Quizás lo que haces no define quien eres.
La misma canción, la misma película, el mismo amor por el mismo libro, la misma obsesión por aquella ciudad.
No sé nada sobre un montón de cosas importantes, pero quiero saber más, como le sucede a tanta otra gente.
No conozco pintores checoslovacos ni directores de cine ucranianos. Pero me gustan los museos y el arte, como a tantos otros incultos y falsos intelectuales.
No leo a escritores muertos hace 1000 años, pero si 200, de algo servirá.
Soy común. No me gusta nada original; quizás porque en el mundo rápido y de masas en el que vivo, lo original es difícil de encontrar. Quizás el concepto de original ha perdido un poco el sentido.
Quizás eres el que tiene un gusto musical extrañísimo entre tus amigos, pero oh, ese grupo totalmente desconocido en tu país lo conoce en Internet tantísima gente...
Pero no me importa que me guste lo mainstream. No me importan palabras como 'Mainstream'.
Si le gusta a todo el mundo, por algo será.
Y no por tener gustos estrafalarios soy más especial. Puede que lo sea, pero puede que no.
Me han llamado muchas veces rara en mi vida, algunas me lo he tomado como un insulto y otras como un cumplido.
Pero ahora mismo hay tanta gente rara que es difícil sentirse especial.
Quizás es porque no es eso lo que te hace distinto.
Quizás lo que haces no define quien eres.
sábado, 1 de febrero de 2014
Las canciones de hace siglos que aún llevan tu nombre.
Y me hacen verte como en una película rodada en analógico
si cierro los ojos con los primeros acordes,
los que intentaste enseñarme a tocar
pero siempre preferí escucharte a ti mientras cantabas flojito.
Y ahora esa canción tiene en mi el mismo efecto
sólo que tú y yo ya estamos muertos.
Las canciones de hace años
que aún llevan tu nombre
y te puedo ver como en una película rodada en analógico
riéndote de mis chistes, despeinándome
y suspirando por el calor
o por mi,
aunque ahora todo es más verde
y mi voz es más dulce
y tu sonrisa más amplia
y por tanto, la misma canción suena más triste.
Las canciones de hace años
que aún llevan tu nombre
escrito en una esquinita de mis recuerdos más tiernos
de esos a los que siempre vuelvo
cuando necesito saber que estoy viva.
Y son memorias tan simples
tan naturales como tú, cantando mientras conduces
la frase que menos me gusta
de la canción menos bonita
de mi disco favorito
pero poniéndole tantas ganas
que haces que suene mejor que mi canción preferida cuando la escucho sin ti.
Y me hacen verte como en una película rodada en analógico
si cierro los ojos con los primeros acordes,
los que intentaste enseñarme a tocar
pero siempre preferí escucharte a ti mientras cantabas flojito.
Y ahora esa canción tiene en mi el mismo efecto
sólo que tú y yo ya estamos muertos.
Las canciones de hace años
que aún llevan tu nombre
y te puedo ver como en una película rodada en analógico
riéndote de mis chistes, despeinándome
y suspirando por el calor
o por mi,
aunque ahora todo es más verde
y mi voz es más dulce
y tu sonrisa más amplia
y por tanto, la misma canción suena más triste.
Las canciones de hace años
que aún llevan tu nombre
escrito en una esquinita de mis recuerdos más tiernos
de esos a los que siempre vuelvo
cuando necesito saber que estoy viva.
Y son memorias tan simples
tan naturales como tú, cantando mientras conduces
la frase que menos me gusta
de la canción menos bonita
de mi disco favorito
pero poniéndole tantas ganas
que haces que suene mejor que mi canción preferida cuando la escucho sin ti.
Ciclos, de noches y días
de sangre, sal,
humo, palabras,
defectos, miradas, canciones que se despiden de lo que fuiste
energías malgastadas en caídas,
inseguridades jugando en tableros.
Ciclos, en fin,
de ti volviendo a morderte los labios
porque quieres llegar
y ni si quiera estás vivo.
Tus pestañas empapadas por el frío
y en la madrugada los terrores duermen en tu cama.
Tú, a oscuras contigo
y con ingenuas crueldades que destrozaron todas tus virtudes.
de sangre, sal,
humo, palabras,
defectos, miradas, canciones que se despiden de lo que fuiste
energías malgastadas en caídas,
inseguridades jugando en tableros.
Ciclos, en fin,
de ti volviendo a morderte los labios
porque quieres llegar
y ni si quiera estás vivo.
Tus pestañas empapadas por el frío
y en la madrugada los terrores duermen en tu cama.
Tú, a oscuras contigo
y con ingenuas crueldades que destrozaron todas tus virtudes.
sábado, 16 de noviembre de 2013
Happiness is a warm gum.
Lo mejor y peor de la felicidad es que la gente nunca es consciente de ella.
Sólo se dan cuenta cuando ya se fue, cuando vuelven a pasearse por sus recuerdos y se dan cuenta de lo bien que estaba todo aquella noche, de lo fácil que hubiese sido sonreír y dejar a un lado los dos detalles diminutos que le impedían disfrutar.
Pero peor que darse cuenta tarde de que fuiste feliz, es ser consciente mientras lo estás siendo.
Es un calor frío en el pecho, una melancolía prematura, un querer que te abracen mientras gritas para poder parar el tiempo y que todo siga así.
Porque no es tan difícil ser feliz.
Y a veces tú mismo te creas los obstáculos.
Ser quien eres nunca o casi nunca importa, porque la gente está demasiado ocupada consigo misma para ver tus defectos (y tus virtudes).
Así que todo el esfuerzo no importa, y fluir es tan sencillo como saber lo joven que eres, y poner todos tus sueños al principio de una noche.
Sólo se dan cuenta cuando ya se fue, cuando vuelven a pasearse por sus recuerdos y se dan cuenta de lo bien que estaba todo aquella noche, de lo fácil que hubiese sido sonreír y dejar a un lado los dos detalles diminutos que le impedían disfrutar.
Pero peor que darse cuenta tarde de que fuiste feliz, es ser consciente mientras lo estás siendo.
Es un calor frío en el pecho, una melancolía prematura, un querer que te abracen mientras gritas para poder parar el tiempo y que todo siga así.
Porque no es tan difícil ser feliz.
Y a veces tú mismo te creas los obstáculos.
Ser quien eres nunca o casi nunca importa, porque la gente está demasiado ocupada consigo misma para ver tus defectos (y tus virtudes).
Así que todo el esfuerzo no importa, y fluir es tan sencillo como saber lo joven que eres, y poner todos tus sueños al principio de una noche.
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