Igual que hace cincuenta años les enseñaban no sólo a creer en dios, si no a querer creer. En dios y en la iglesia. A confiar a ciegas en quien dirige el país, porque alguien que mata por sus ideales tiene que ser de fiar, ¿no?
La televisión, los periódicos, todos con ese aire tan serio y adulto, con tanto trabajo detrás, con tantas palabras que no se comprenden pero suenan maravillosamente. Los amigos de sus padres debatiendo apasionadamente y sintiendo cada palabra que pronuncian. Cargar los discursos de verdades y enorgullecerse en el salón de casa de ser quien eres. Estar agradecido de tener las cosas tan claras, porque te han enseñado a no querer pensar que puede haber algo mejor. A todo el mundo le gusta pertenecer a algo, y que hay más grande que sentir que perteces a un país. Cientos de palabras te bombardean todos los días, y ¿cómo no vas a creer en algo que está tan bien tejido que sientes escalofríos? Todo cuidadosamente estudiado para que te enfiles en su ideología.
Pero ¿y ahora? Porque la televisión ha perdido un poco su credibilidad y los periódicos tienen portadas desalentadoras. Ahora los debates apasionados y los escalofríos son por el desacuerdo, por el desconfiar más absoluto hacia el que dirige el país. Hacia todos en realidad.
Que tiempos tan díficiles corrían hace cincuenta años, hace sesenta.
Y piensas que si antes les educaban para creer hasta que murieran, ahora siendo tan evidentes y demagogos sólo nos facilitan una educación crítica. Por que puede que no sepamos en que creemos, pero si que sabemos que queremos decidir en que creer.
A veces está tan de moda ser crítico y no confiar en nadie, que pienso si no me han educado para esto. Pero debe ser que me resulta muy fácil estar en desacuerdo.
sábado, 22 de septiembre de 2012
sábado, 11 de agosto de 2012
Que te tengo que salvar, que me tienes que salvar...
¿Veis al chico guapo que sonríe y tiene un coro de guapas a su alrededor?
¿Veis al chico torpe y tímido que mira a una de las chicas guapas que cortejan al guapo deslumbrante?
Yo estoy mirando al guapo y como todas las demás, admiro su porte, el color de sus ojos y la blancura de su sonrisa. Y puede que suspire, sí, pero estoy a más de tres metros de distancia.
Quizás es debido a que no tengo ninguna posibilidad, aunque puede que sea porque no acostumbro a enamorarme de este tipo de hombre.
Suelo enamorarme del otro, del torpe que mira a una de las guapas con la que nunca tendrá nada más que una buena amistad. Del que nunca ha tenido novia. Del que tiene la autoestima tan baja que quieres gritarle al mundo lo maravilloso que es, no para que ellos lo sepan, si no para que el mismo se de cuenta. Del que siempre dice lo inadecuado o no cae del todo bien.
Los anti-héroes son tan dulces...Todavía no se ha visto ese arrebato de inocencia estremecedora en alguien que siempre ha tenido lo que desea. Pero los anti-héroes son también un poco... insatisfactorios, por decirlo de alguna manera. Y es que en cuanto cuanto aprenden a volar se marchan sin mirar atrás.
Por eso estaría bien, por una vez, elegir de quien te enamoras, y dejar que te salven en vez de andar siempre por ahí intentando salvar a hombres que se acaban por corromper.
Mejor que vengan corrompidos ya de fábrica.
Elegir de quien te enamoras...el mismo viejo cliché...
¿Veis al chico torpe y tímido que mira a una de las chicas guapas que cortejan al guapo deslumbrante?
Yo estoy mirando al guapo y como todas las demás, admiro su porte, el color de sus ojos y la blancura de su sonrisa. Y puede que suspire, sí, pero estoy a más de tres metros de distancia.
Quizás es debido a que no tengo ninguna posibilidad, aunque puede que sea porque no acostumbro a enamorarme de este tipo de hombre.
Suelo enamorarme del otro, del torpe que mira a una de las guapas con la que nunca tendrá nada más que una buena amistad. Del que nunca ha tenido novia. Del que tiene la autoestima tan baja que quieres gritarle al mundo lo maravilloso que es, no para que ellos lo sepan, si no para que el mismo se de cuenta. Del que siempre dice lo inadecuado o no cae del todo bien.
Los anti-héroes son tan dulces...Todavía no se ha visto ese arrebato de inocencia estremecedora en alguien que siempre ha tenido lo que desea. Pero los anti-héroes son también un poco... insatisfactorios, por decirlo de alguna manera. Y es que en cuanto cuanto aprenden a volar se marchan sin mirar atrás.
Por eso estaría bien, por una vez, elegir de quien te enamoras, y dejar que te salven en vez de andar siempre por ahí intentando salvar a hombres que se acaban por corromper.
Mejor que vengan corrompidos ya de fábrica.
Elegir de quien te enamoras...el mismo viejo cliché...
sábado, 4 de agosto de 2012
Y conoces el final.
Me gusta pensar que muchas personas estarán leyendo lo mismo que yo en este preciso momento, en otros idiomas.
Y quizás subrayándolo.
A la vez que estoy sintiendo que ojalá conociera a Alguien, justo Alguien está pensando lo mismo.
Que esta emisora de radio suena y tú también estás bailando encima de la cama.
Yo camino con un pie delante del otro sobre un bordillo, y 13 millones de chicas de mi edad hacen lo mismo en otros lugares del mundo, seguro.
Que lloramos en la misma escena, estés donde estés.
There’s nothing you can do that can’t be done. Hay tanta gente haciendo las mismas cosas raras que tú haces y soñando con conocerte…
Por eso es un consuelo saber que no somos especiales.
Significa que estamos en una ciudad diminuta a una distancia de cien años luz, soñándonos mutuamente y haciéndonos señales con un espejo.
Y quizás subrayándolo.
A la vez que estoy sintiendo que ojalá conociera a Alguien, justo Alguien está pensando lo mismo.
Que esta emisora de radio suena y tú también estás bailando encima de la cama.
Yo camino con un pie delante del otro sobre un bordillo, y 13 millones de chicas de mi edad hacen lo mismo en otros lugares del mundo, seguro.
Que lloramos en la misma escena, estés donde estés.
There’s nothing you can do that can’t be done. Hay tanta gente haciendo las mismas cosas raras que tú haces y soñando con conocerte…
Por eso es un consuelo saber que no somos especiales.
Significa que estamos en una ciudad diminuta a una distancia de cien años luz, soñándonos mutuamente y haciéndonos señales con un espejo.
martes, 31 de julio de 2012
Reflexiones-
Placeres: Bañarse desnudo en la piscina o el mar. Quizás no es tan placentero como cuando lo haces a oscuras, pero supongo que también con luz solar será bastante agradable.
También es maravilloso ducharse de noche, con la luz apagada y escuchar el sonido del agua cayendo, sin ningún otro sonido. De lo más relajante. Pero no hablo de placeres. Hablo de reglas. No puedes tender la ropa por la noche, porque el rocío hará que quede fatal.
No deberías cenar más tarde de las 11. No por cuestiones de salud, no porque algún médico cargado de razón diga que no se digiere igual de bien. No porque no haya que comer solo a las horas que se siente hambre. Simplemente no debes hacerlo porque ‘No son horas’.
No duermas hasta más tarde de las once. Y esta es quizá la única cosa en la que podría estar un poco de acuerdo, porque es verdad que se pierde gran parte del día, y que lo que puedes hacer mientras haga sol no es igual de aprovechable que lo que haces cada día hasta las cinco de la madrugada. Pero aún así, si por casualidad me apetece pasar el día durmiendo, ¿por qué importa que desaproveche el día? Te aseguro que aproveché las horas de la madrugada.
Lo que quiero decir es que hay gente que pierde los nervios porque la comida no esté lista a las dos en punto, y no porque a las tres tengan que salir corriendo de casa, o porque si no se perderá la breve cabezadita de antes de volver al trabajo. Hay gente que pierde los nervios porque la comida no esté en la mesa a las dos sencillamente porque es la hora de comer, igual que las diez es la hora de cenar. Cada momento está tan perfectamente encajado en sus vidas que la más mínima alteración les hace perder los papeles. Y no sólo hablo de la rutina, de tener organizado su día a día en horas, reglas y pautas, hablo de esta gente a la que ni si quiera piensas en preguntarles si pueden parar el coche para que hagas una foto. Eso no sería normal. Gente que hace los comentarios adecuados sin sentirlos realmente porque es lo correcto. Gente que nunca, jamás, saldría de casa expresamente para dar un paseo nocturno por la Gran Vía.
Y el problema es que están perdidos. No es que se priven de hacer lo que quieren porque sea inadecuado o no se ajuste totalmente a su forma de hacer las cosas. No se privan de nada, porque no desean hacer esta clase de pequeñas cosas. Sois presos del mundo real y habéis olvidado lo que es respirar fuerte por el placer de hacerlo, no para cargar las pilas ante un nuevo y agobiante día. Todos deberían saltar en los charcos, y no caminar con cuidado, preocupándose por las futuras manchas de barro. Pero es muy fácil decirlo desde esta calma veraniega. He sido esa gente y he perdido el control porque alguna actividad, incluso de ocio, no estaba terminada a determinada hora. Y al día siguiente me daba cuenta de que tampoco era tan importante, que nada de esto debe ser tan importante. Que ya dormiré cuando esté muerta (digo ahora, toda hipócrita, con catorce horas de soberbio sueño a mis espaldas). Que los relojes sólo marcan las horas en algunas ocasiones, y no merece la pena olvidarlo. Si tienes los medios para hacer lo que quieres, ¿De verdad los minutos van a ser un problema? Mañana hay que madrugar, de acuerdo, pero merece la pena una hora menos de sueño por contemplar las estrellas.
También es maravilloso ducharse de noche, con la luz apagada y escuchar el sonido del agua cayendo, sin ningún otro sonido. De lo más relajante. Pero no hablo de placeres. Hablo de reglas. No puedes tender la ropa por la noche, porque el rocío hará que quede fatal.
No deberías cenar más tarde de las 11. No por cuestiones de salud, no porque algún médico cargado de razón diga que no se digiere igual de bien. No porque no haya que comer solo a las horas que se siente hambre. Simplemente no debes hacerlo porque ‘No son horas’.
No duermas hasta más tarde de las once. Y esta es quizá la única cosa en la que podría estar un poco de acuerdo, porque es verdad que se pierde gran parte del día, y que lo que puedes hacer mientras haga sol no es igual de aprovechable que lo que haces cada día hasta las cinco de la madrugada. Pero aún así, si por casualidad me apetece pasar el día durmiendo, ¿por qué importa que desaproveche el día? Te aseguro que aproveché las horas de la madrugada.
Lo que quiero decir es que hay gente que pierde los nervios porque la comida no esté lista a las dos en punto, y no porque a las tres tengan que salir corriendo de casa, o porque si no se perderá la breve cabezadita de antes de volver al trabajo. Hay gente que pierde los nervios porque la comida no esté en la mesa a las dos sencillamente porque es la hora de comer, igual que las diez es la hora de cenar. Cada momento está tan perfectamente encajado en sus vidas que la más mínima alteración les hace perder los papeles. Y no sólo hablo de la rutina, de tener organizado su día a día en horas, reglas y pautas, hablo de esta gente a la que ni si quiera piensas en preguntarles si pueden parar el coche para que hagas una foto. Eso no sería normal. Gente que hace los comentarios adecuados sin sentirlos realmente porque es lo correcto. Gente que nunca, jamás, saldría de casa expresamente para dar un paseo nocturno por la Gran Vía.
Y el problema es que están perdidos. No es que se priven de hacer lo que quieren porque sea inadecuado o no se ajuste totalmente a su forma de hacer las cosas. No se privan de nada, porque no desean hacer esta clase de pequeñas cosas. Sois presos del mundo real y habéis olvidado lo que es respirar fuerte por el placer de hacerlo, no para cargar las pilas ante un nuevo y agobiante día. Todos deberían saltar en los charcos, y no caminar con cuidado, preocupándose por las futuras manchas de barro. Pero es muy fácil decirlo desde esta calma veraniega. He sido esa gente y he perdido el control porque alguna actividad, incluso de ocio, no estaba terminada a determinada hora. Y al día siguiente me daba cuenta de que tampoco era tan importante, que nada de esto debe ser tan importante. Que ya dormiré cuando esté muerta (digo ahora, toda hipócrita, con catorce horas de soberbio sueño a mis espaldas). Que los relojes sólo marcan las horas en algunas ocasiones, y no merece la pena olvidarlo. Si tienes los medios para hacer lo que quieres, ¿De verdad los minutos van a ser un problema? Mañana hay que madrugar, de acuerdo, pero merece la pena una hora menos de sueño por contemplar las estrellas.
sábado, 14 de abril de 2012
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Los días como hoy se ruedan dramas y películas de miedo.
Se adivina un cielo tenebrosamente blanco entre unas nubes sin luz.
La lluvia no está besando el cristal por donde miro cada mañana, sino que lo golpea furiosa, y 25 gotasdelluvia/segundo corren por la ventana en todas direcciones, impulsadas por el viento. Por ese pequeño huracán que silba entre mis persianas.
La luz entra a raudales, tiñendo la luz de un blanco grisáceo. Los toldos de los edificios cercanos se agitan con violencia y todo se llena del sonido de la tormenta. Las nubes se superponen unas a otras, en un caos de negro y gris.
Ahí fuera es un infierno, y sin embargo el paraíso está justo al otro lado del cristal.
Él me espera en la cama, con una taza humeante en las manos.
Me escurro junto a él de nuevo. Para escucharle respirar en el ojo del huracán que es ahora mi habitación.
Y canta bajito una canción muy triste, pero las palabras ‘No alarms and no surprises, please’ pronunciadas aquí y ahora sólo pueden sonar felices, dulces, agradecidas.
Que llore el cielo, que ya nosotros (nos) sonreímos.
Se adivina un cielo tenebrosamente blanco entre unas nubes sin luz.
La lluvia no está besando el cristal por donde miro cada mañana, sino que lo golpea furiosa, y 25 gotasdelluvia/segundo corren por la ventana en todas direcciones, impulsadas por el viento. Por ese pequeño huracán que silba entre mis persianas.
La luz entra a raudales, tiñendo la luz de un blanco grisáceo. Los toldos de los edificios cercanos se agitan con violencia y todo se llena del sonido de la tormenta. Las nubes se superponen unas a otras, en un caos de negro y gris.
Ahí fuera es un infierno, y sin embargo el paraíso está justo al otro lado del cristal.
Él me espera en la cama, con una taza humeante en las manos.
Me escurro junto a él de nuevo. Para escucharle respirar en el ojo del huracán que es ahora mi habitación.
Y canta bajito una canción muy triste, pero las palabras ‘No alarms and no surprises, please’ pronunciadas aquí y ahora sólo pueden sonar felices, dulces, agradecidas.
Que llore el cielo, que ya nosotros (nos) sonreímos.
domingo, 25 de marzo de 2012
Los gestos adorables de los despreciables y fascinantes humanos.
Me gustan las marcas en la piel. De sábanas, de almohadas, de sujetadores. Las únicas que no consiento son las de los calcetines.
Me gustan las cicatrices y los arañazos, porque será.
Me divierten las personas que se ruborizan, la vida en sus mejillas. Y adoro los chicos que se ruborizan, por lo inusual y por la vulnerabilidad que desprenden. No me apartes la mirada que seas quien seas, sonreiré.
Cuando cualquiera camina con un pie delante del otro o suben las escaleras de puntillas, retazos de duendes. Cuando cantan para si mismos, perdidos en mundos propios. Cuando alguien suspira sin darse cuenta. Cuando te pisas un pie con otro. Jerseys de lana escondiendo manos. Los acentos hipnóticos. Las gotas de lluvia besando la piel y resbalando por el pelo.
Se me olvida lo detestable que puedes llegar a ser si caminas achicando los ojos por el sol entre tus pestañas, si llevas reloj, si tienes las manos manchadas de tinta, si martilleas con los dedos en el volante de tu coche, si me tiras un avión de papel.
Se me olvida que a veces exterminaría a la raza humana cuando alguien duerme a mi lado y veo como se ralentiza su respiración hasta que cae en la espiral que es soñar.Si alguien lee un clásico en el autobús. Si se derraman lágrimas por un personaje de ficción.
Todo lo hipócrita que llegas a ser, te lo perdono si te ríes y se te forman arruguitas en la nariz, y en el final de los ojos. Y vosotras, con el pelo hacia atrás, hacia delante, en movimiento, al compás del sonido musical de las carcajadas.
Creo que merecen la pena los despreciables seres humanos, si me atraviesa una mirada al final de esta avenida. si alguien camina silbando y se adivina una sonrisa en su comisura.
Me gustan las cicatrices y los arañazos, porque será.
Me divierten las personas que se ruborizan, la vida en sus mejillas. Y adoro los chicos que se ruborizan, por lo inusual y por la vulnerabilidad que desprenden. No me apartes la mirada que seas quien seas, sonreiré.
Cuando cualquiera camina con un pie delante del otro o suben las escaleras de puntillas, retazos de duendes. Cuando cantan para si mismos, perdidos en mundos propios. Cuando alguien suspira sin darse cuenta. Cuando te pisas un pie con otro. Jerseys de lana escondiendo manos. Los acentos hipnóticos. Las gotas de lluvia besando la piel y resbalando por el pelo.
Se me olvida lo detestable que puedes llegar a ser si caminas achicando los ojos por el sol entre tus pestañas, si llevas reloj, si tienes las manos manchadas de tinta, si martilleas con los dedos en el volante de tu coche, si me tiras un avión de papel.
Se me olvida que a veces exterminaría a la raza humana cuando alguien duerme a mi lado y veo como se ralentiza su respiración hasta que cae en la espiral que es soñar.Si alguien lee un clásico en el autobús. Si se derraman lágrimas por un personaje de ficción.
Todo lo hipócrita que llegas a ser, te lo perdono si te ríes y se te forman arruguitas en la nariz, y en el final de los ojos. Y vosotras, con el pelo hacia atrás, hacia delante, en movimiento, al compás del sonido musical de las carcajadas.
Creo que merecen la pena los despreciables seres humanos, si me atraviesa una mirada al final de esta avenida. si alguien camina silbando y se adivina una sonrisa en su comisura.
martes, 21 de febrero de 2012
runaway and save ourselves.
Seguro que os ha gustado tanto alguien que dolía. No porque te hubiese rechazado, no porque no hubiese funcionado, no porque te hubiese roto el corazón. No esa agonía del pinchazo en el pecho al primer pensamiento en la mañana y pensar “largo de aquí”. Pero doler al fin y al cabo, de pensar tanto en él. De imaginar conversaciones –y algo más- el segundo antes de dormir.
De temblar si está cerca. De sus ojos en los tuyos y tus rodillas fallando. Por eso de ver cosas donde no las hay y propiciar tú otras de formas poco elegantes. Seguro que os ha pasado, porque habéis tenido quince años.
Lo extraño es cuando pasa ahora. Que ya eres tú todo un adulto (¿qué?)
Sus labios y una frase de tu escritor favorito plasmada en una conversación del grisáceo mundo real. Las cien manías que atribuías a tu futuro marido cuando soñabas a los catorce en tu habitación de paredes fanáticas. Su inicial es la que aquella canción prometía que sería esa letra mayúscula tu salvación. Las cualidades más odiosas del chico perfecto de aquella película. La inteligencia más seductora del mundo. La dulzura más atrevida nunca vista. Que cierre los ojos con tu canción favorita. Las cualidades adorables de tu libro favorito número uno. Y del segundo, y del tercero. Y del décimo.
¿Le has encontrado? Bien. Pues quiero que ahora mismo te vayas lejos de aquí. No vuelvas a hablarle. O no encuentres el valor para hacerlo. No le invites al cine y no le vuelvas tuyo. Que los chicos perfectos no son de nadie. Que los amores platónicos sólo os harán felices si permanecen impolutos, encerrados en los libros. Que las cosas tan dulces, se hacen agrias sólo con oxígeno. Que los amores platónicos sólo están hechos para vivir en las nubes.
De temblar si está cerca. De sus ojos en los tuyos y tus rodillas fallando. Por eso de ver cosas donde no las hay y propiciar tú otras de formas poco elegantes. Seguro que os ha pasado, porque habéis tenido quince años.
Lo extraño es cuando pasa ahora. Que ya eres tú todo un adulto (¿qué?)
Sus labios y una frase de tu escritor favorito plasmada en una conversación del grisáceo mundo real. Las cien manías que atribuías a tu futuro marido cuando soñabas a los catorce en tu habitación de paredes fanáticas. Su inicial es la que aquella canción prometía que sería esa letra mayúscula tu salvación. Las cualidades más odiosas del chico perfecto de aquella película. La inteligencia más seductora del mundo. La dulzura más atrevida nunca vista. Que cierre los ojos con tu canción favorita. Las cualidades adorables de tu libro favorito número uno. Y del segundo, y del tercero. Y del décimo.
¿Le has encontrado? Bien. Pues quiero que ahora mismo te vayas lejos de aquí. No vuelvas a hablarle. O no encuentres el valor para hacerlo. No le invites al cine y no le vuelvas tuyo. Que los chicos perfectos no son de nadie. Que los amores platónicos sólo os harán felices si permanecen impolutos, encerrados en los libros. Que las cosas tan dulces, se hacen agrias sólo con oxígeno. Que los amores platónicos sólo están hechos para vivir en las nubes.
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